HISTORIA EROTICA PARA UNA NOCHE DE VERANO O PARA TERMINAR UN LIBRO DE CUENTOS MALOS…

7 08 2011

Por Oscar A. Medina

 

 

Ella y él se conocieron cuando las pasiones de la juventud se ven  coartadas por las obligaciones de la escuela.

Después del primer beso, ella y él, supieron que el siguiente paso era la  cama, la entrega de dos cuerpos que buscan el placer, por el puro gusto  de sentir; el placer porque quieren sentirse vivos; el placer porque ella  quiere sentir el semen de él sobre su cuerpo; el placer porque él quiere  sentir la boca de ella recorriendo su miembro.

Siempre fue así, ella desnuda en la recámara, tocando su miembro con las manos frías, en el coche respirando besos ardientes, en el bosque con la espalda en comunión con el pasto, ella siempre dispuesta a dar amor, en el cine, la cantina, el camión y porque no en un hotel.

Él siempre fiel al cuerpo de ella, recorriendo su cuello con besos largos, abriendo sus piernas en el coche, embriagado por el olor de sus senos, perdido por las caricias de ella cuando la tarde se hacía corta en un hotel.

El tiempo paso, los exámenes, las graduaciones y las cenas se agolparon en el presente, mientras ella y él se entregaban en cualquier lugar, por cualquier pretexto, contentos de ser una historia de amor, donde no había lugar para otro.

Fue buen tiempo…. él y ella siempre tentados por el amor. El deseo de él  por ella al observar una escena erótica en el cine, ella sintiendo que la humedad la invadía, al escuchar el primer acorde de una canción.

Una prenda íntima era suficiente para una erección, el olor del tabaco lo único que necesitaba ella para querer sentir el cuerpo de él. Fueron los días en que ambos se besaban después de un buen sorbo de vino.

Eran fieles amantes, lobos que se cuidaban y se necesitaban para estar vivos, sin embargo, ya nada es igual, ella y él sienten que la pasión ha terminado, buscan nuevas fantasías, ahora cuando hacen el amor, ambos piensan en otras personas.

Las manos de él tocan unos senos que antes eran realidad y hoy sólo son algo más… Su ilusión es el amor prohibido, conocer a otro hombre e intentar una relación que por prohibida es excitante.

Ella está tirada en la cama, un miembro que antes era origen y fin, hoy es algo molesto… “in-co-mo-do”, ella desea a otra mujer, unas manos limpias y suaves que recorran su cuerpo, quiere conocer a una persona preocupada en satisfacer, una relación que por prohibida es excitante.

Ella y él, estallan un día y al fin deciden hacer realidad su fantasía, por separado él busca a un hombre, ella a una mujer, están deseosos ante la perspectiva de conocer un nuevo horizonte erótico.

El conoce en un bar a un hombre, llega a una casa ajena, siente unos labios que muerden, lo lastiman, palpa unas manos que no preguntan sino que invade, es la primera vez que su orgasmo llega junto con el llanto.

Ella conoce en un café a una mujer, ella también llega a una casa ajena, siente unas manos raras sobre su pecho, ya no da la pauta, en esta ocasión una persona hábil la mueve la toma, un dedo la penetra y es la primera vez que su orgasmo llega junto con el llanto.

Ella y él caminan solos por la calle, han hecho el amor y se sienten aislados, sus cuerpos están dolidos y deseosos, a pesar del sudor y de la utopía de que fueron amados.

Ella y él llegan a casa, por separado se purifican con el correr de miles de gotas de agua, están desnudos de cuerpo y alma, se ven al espejo, ella y él no reconocen la imagen que se refleja, sin embargo, saben cómo ser nuevamente humanos.

En silencio y de noche ella y él se encuentran en una cama, nuevamente las manos de él reconocen unas piernas largas frías, unos senos que saben responder a las caricias, otra vez los labios de ella reconocen un sabor que excita, el miembro de su pareja, el de la dimensión correcta para su cuerpo, nuevamente ella y él tienen un orgasmo, los dos lloran… pero ya no están solos.





SABORES

22 11 2010

 Por Oscar A. Medina

¿A qué sabe la vejez?… No se otras la mía es amarga, tiene un sabor a vino avinagrado, a café sin aroma a tabaco reseco.

Mi vejez es la cárcel de un cuerpo que necesita sol para vivir y que se muere en forma lenta, tengo que estar sentado a mi pesar y sin embargo, el menor movimiento es un problema para mis músculos.

Mi vejes es el cansancio eterno, la rabia de saber y no ser apto, la ansiedad de un recuerdo, la añoranza de una sensación, frases que hoy suenan ridículas ayer fueron importantes.

Mis manos desean recorrer un cuerpo de mujer, sentir  “esas curvas”, embriagarme en unos labios carnosos, palpar la tibia caricia de una piel, la sensación de unas piernas bellas entretejidas a las mías, unos senos que aprenda a respirar a mi ritmo…. Mi ritmo, mi ridículo ritmo, ante el deseo de la carne, mis manos están arrugadas con callos, tiemblan, son ásperas como lijas.

Mi cuerpo es frío, frágil… ridículo, sin curvas. En él sólo líneas rectas que tienen un inicio y un marcado fin, mis labios saben mal, los pocos dientes que tengo están amarillos, mi piel es fría, ya no calienta, mis piernas causan dolor y ya no soportan la fuerza de otras, mi pecho respira con dificultad, ya no puedo seguir a otra alma… ese es mi ritmo.

Escucho la voz de una mujer… un ser vivo, cargado de ilusión, fuerza creadora que fue mi desvelo, mi razón, la causa de una lágrima de un cariño, de un sentimiento noble, mi mente recuerda palabras de amor aprendidas hace décadas…ayer lazos que amarraban el alma de la amada, hoy frases mal articuladas que dan risa, misericordia, ternura.

Cual ofensiva puede ser la ternura, cuando el cuerpo está deseoso de sexo y el alma de amor, la  ternura de una mujer joven a un hombre viejo es ardor que invade el ánimo y cohíbe las miradas.

Soy viejo… Pero cuanto deseo amar, no por lujuria, sino porque un día pude, en algún tiempo conocí este sentimiento y hoy lo necesito por encima de todo, por una simple razón… estoy vivo.

Hoy el recuerdo no es suficiente, tampoco mi cuerpo, ya no puedo dar amor, mucho menos sexo, ya no hay mujeres ellas o murieron o descansan bajo los rayos del sol, el vino me altera. Con horror descubro que los cuerpos de los viejos ya no son tibios, tiene la frialdad de la muerte, nuestro cabello no tiene color, ni olor, para estas alturas mi piel sabe a sal, mi olor es a naftalina.

Soy lo que fui y el dolor de lo que ya no puedo, la soledad de los días que paso con migajas de pan, sentado, a la esperan de la alegría que no llega, sintiendo como la muerte es la nueva amante que no pregunta, no complace, sólo sabe satisfacer sus bajos deseos, sabe amar matando, parece araña que dentro del acto del amor asesina a su compañero.

La música, la noche y el amanecer dejaron de ser la expectativa del amor, la escusa para compartir la cama, los besos, el periódico; la ropa que ahora uso ya no busca agradar, simplemente es un mal necesario para soportar la vida.

La vejez es la falta total del amor, la imposibilidad de la realización, la pesadilla de todos los sueños, el infierno hecho realidad en un mundo de mortales… es la total insatisfacción del amor conocido, del sexo añorado, es la mejor escusa para bajar los brazos y dejarse morir.

Es la historia absurda del ser humano, es saber que nada vale, los lustros de conquista, los amores,  los golpes, los amigos, las aventuras todo ello poco calienta cuando el frío entra a una sabanas, solitariamente heladas.





TODO ER ORDEN Por Oscar A. Medina

15 11 2010

 Todo era orden... 

Por OSCAR A. Medina

Todo era orden en mi vida, los libros, los discos, los cuadros, mi perro… Mi existencia era la sucesión de acontecimientos cotidianos, mis días carecían de sentido.

Mi acontecer cerebral no registraba fechas, estas se sumaban una tras otra, como el calendario que marca el fin e inicio de diferentes ciclos, los cuales carecían de importancia.

La Navidad estaba ahí para arruinar mi vida, el día de Acción de Gracias, era el motivo para re-encontrar por tres horas a mi familia, mi cumpleaños se convertía en la excusa perfecta para sentir lástima de mi, verme vieja y fea… Todo estaba en su lugar, en su momento, en su sitio.

Era el “paraíso del silencio”, en mi hogar se escuchaba música, bella pero que no significaba nada, se leía poesía que nunca había escuchado en voz de otra persona y se comía en una mesa que se adornaba siempre para una persona, todo esto sucedía en tono bajo, con discreción y sin ensuciar, lo importante no era la vivir, sino evitar llamar la atención.

Vivía un estado de “coma perpetuo”, con la ventaja de disfrutar del chocolate, la comparsa y el vino, sin la necesidad del compromiso, del malestar de las agruras.

Mi “vegetativa vida”, corría entre el gusto de no estar  y la paz de las sombras, la seguridad de poder ir al cine, a la tienda, al campo sin ser vista, mi ilusión era ser fantasma, no sentir, no ocupar un sitio en el espacio, ser muerte en un mundo de vida.

Experimentaba una vida “cómoda”, mis amigos no tenían la suficiente importancia para quitarme el sueño, eran los descocados, los inadaptados, los locos del mundo, sin embargo, estaban ahí para soportar mis obsesiones.

La rutina era seguridad, la confianza de que todo estaba listo y terminado, en mi vida, no había sorpresas, la mano ajena en la pierna propia no me alteraba, si están ahí que bueno sino también.

En la soledad de mi casa, mis manos llegaban hasta el clítoris, lo estimulaban por tres minutos 47 segundos, después llegaba al orgasmo, fingía dormir siempre hasta antes de las 10 y media de la noche.

Los domingos religiosamente a las once de la mañana, entraba al baño, me desnudaba y frente al espejo recorría mi cuerpo, durante 12 minutos, después abría la regadera, mi cabellera se mojaba y con el dedo enjabonado me excitaba durante cinco largos minutos.

Cerraba la llave de la regadera, disfrutaba del tacto de las sabanas en mi cuerpo desnudo y antes de las doce del día salía a desayunar.

Los lunes, el pantalón azul, el martes la chamarra negra, el miércoles la falda tableada, el jueves el peinado simple, el viernes el suéter y toda la semana frío en el alma.

Mi mayor problema era decidir que lata abrir para la comida, que canal ver en la televisión, saber cuando era necesario mandar la ropa a la tintorería.

Pero un día el orden se rompió, el caos llegó junto con unos pantalones de mezclilla gastados y unos tenis azules, a los que llame amor.

Ahora, todo es desorden en mi vida, los libros están fuera de lugar sin polvo, los discos se escuchan y son recuerdos del presente, los cuadros ya no son mudos testigos, sino cómplices de besos y caricias, mi perro ya come.

Mi “acontecer cerebral” registra fechas que se suman en hora buena, como el calendario del campesino, en el que se marca cuando lloverá, hará sol y habrá hielo.

La Navidad está ahí para inspirar mi vida, junto a él, el día de “Acción de Gracias” es motivo para que dos personas re-encuentren a la familia y todo sea desorden una mesa con muchos sentados hablando al mismo tiempo, muy fuerte. Mi cumpleaños se convierte en una fiesta, porque en mi boca esta la alegría de sus besos, de sus manos de su cabello.

Es el “paraíso del sonido” en mi hogar se escucha la música y es bella porque enamora, las noches son cortas para recitar a Benedetti y el ritual de la comida  ahora es fiesta pagana, porque la sal tiene su propio sabor, la carne se adereza con pimienta y sus manos me acompañan junto a la estufa.

Vivo un estado de “conciencia perpetua”, disfruto del chocolate, porque es amargo, la acordes de los sonidos porque me dan vida y el vino es el compromiso que buscó pasando tragos de sabor de mi boca a la de él.

Mi vida corre entre el gusto de estar y la paz de sus piernas, la seguridad de poder ir al cine a lado de mi compañero, a la tienda, al campo, permitiendo que me vean, que me admiren, porque hoy soy bella, ya no soy un fantasma, ahora siento, ocupo un lugar en el espacio, soy vida en un mundo de muertos.

Experimento una vida “nada cómoda”, pero divertida, mis amigos son el eje de mi vida, porque son maduramente descocados, civilizadamente inadaptados es decir son los locos de mundo… hoy sus preocupaciones son mis desvelos.

La sorpresa es seguridad, la confianza de que nada está terminado, cada caminata es una revelación, una sorpresa, la mano conocida en la pierna propia me altera, si esta que bueno, sino la añoro.

En la compañía de sus brazos, sus manos recorren mi cuerpo, su miembro llega a mi clítoris, lo estimulan, le da vida en largas sesiones que duran toda la noche, después llega el orgasmo, pleno, total en el que todo vibra, cada célula se oxigena de amor y mi respiración quiere robar todo el viento de la recamara.

Los domingos religiosamente su cuerpo está en mi casa, invade mi baño, con la plática de dos cuerpos desnudos, decálogo que se hace imagen frente al espejo, durante horas la regadera pasa del calor al frío, mi cabellera sobre su pecho, sus manos rodean mi espalda.

Después…. Después salimos a la recamara, jugamos, somos dioses e inventamos nuevas formas de expresión, salvamos al universo, cansados pero con la risa en el alma salimos “de tarde a comer”.

Los lunes, es no me acuerdo que, el martes la chamarra de mi amor, el miércoles la falda que lo vuelve loco, el jueves el peinado sexy, el viernes el suéter de la felicidad y toda la semana es un calor en el alma.

 Mi mayor problema es decidir como besarlo mientras abro una lata de comida, como ser uno frente al televisor, saber si la ropa que mando a la tintorería es mía o de él…

 Pero un  ida el orden se rompió, el caos llego…. esa historia hoy no me interesa.





Crónicas desde la calle

8 10 2010

Empieza el rescate de texto que hace año se escribieron con algunos documentos recientes








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