Por Oscar A. Medina
Ella y él se conocieron cuando las pasiones de la juventud se ven coartadas por las obligaciones de la escuela.
Después del primer beso, ella y él, supieron que el siguiente paso era la cama, la entrega de dos cuerpos que buscan el placer, por el puro gusto de sentir; el placer porque quieren sentirse vivos; el placer porque ella quiere sentir el semen de él sobre su cuerpo; el placer porque él quiere sentir la boca de ella recorriendo su miembro.
Siempre fue así, ella desnuda en la recámara, tocando su miembro con las manos frías, en el coche respirando besos ardientes, en el bosque con la espalda en comunión con el pasto, ella siempre dispuesta a dar amor, en el cine, la cantina, el camión y porque no en un hotel.
Él siempre fiel al cuerpo de ella, recorriendo su cuello con besos largos, abriendo sus piernas en el coche, embriagado por el olor de sus senos, perdido por las caricias de ella cuando la tarde se hacía corta en un hotel.
El tiempo paso, los exámenes, las graduaciones y las cenas se agolparon en el presente, mientras ella y él se entregaban en cualquier lugar, por cualquier pretexto, contentos de ser una historia de amor, donde no había lugar para otro.
Fue buen tiempo…. él y ella siempre tentados por el amor. El deseo de él por ella al observar una escena erótica en el cine, ella sintiendo que la humedad la invadía, al escuchar el primer acorde de una canción.
Una prenda íntima era suficiente para una erección, el olor del tabaco lo único que necesitaba ella para querer sentir el cuerpo de él. Fueron los días en que ambos se besaban después de un buen sorbo de vino.
Eran fieles amantes, lobos que se cuidaban y se necesitaban para estar vivos, sin embargo, ya nada es igual, ella y él sienten que la pasión ha terminado, buscan nuevas fantasías, ahora cuando hacen el amor, ambos piensan en otras personas.
Las manos de él tocan unos senos que antes eran realidad y hoy sólo son algo más… Su ilusión es el amor prohibido, conocer a otro hombre e intentar una relación que por prohibida es excitante.
Ella está tirada en la cama, un miembro que antes era origen y fin, hoy es algo molesto… “in-co-mo-do”, ella desea a otra mujer, unas manos limpias y suaves que recorran su cuerpo, quiere conocer a una persona preocupada en satisfacer, una relación que por prohibida es excitante.
Ella y él, estallan un día y al fin deciden hacer realidad su fantasía, por separado él busca a un hombre, ella a una mujer, están deseosos ante la perspectiva de conocer un nuevo horizonte erótico.
El conoce en un bar a un hombre, llega a una casa ajena, siente unos labios que muerden, lo lastiman, palpa unas manos que no preguntan sino que invade, es la primera vez que su orgasmo llega junto con el llanto.
Ella conoce en un café a una mujer, ella también llega a una casa ajena, siente unas manos raras sobre su pecho, ya no da la pauta, en esta ocasión una persona hábil la mueve la toma, un dedo la penetra y es la primera vez que su orgasmo llega junto con el llanto.
Ella y él caminan solos por la calle, han hecho el amor y se sienten aislados, sus cuerpos están dolidos y deseosos, a pesar del sudor y de la utopía de que fueron amados.
Ella y él llegan a casa, por separado se purifican con el correr de miles de gotas de agua, están desnudos de cuerpo y alma, se ven al espejo, ella y él no reconocen la imagen que se refleja, sin embargo, saben cómo ser nuevamente humanos.
En silencio y de noche ella y él se encuentran en una cama, nuevamente las manos de él reconocen unas piernas largas frías, unos senos que saben responder a las caricias, otra vez los labios de ella reconocen un sabor que excita, el miembro de su pareja, el de la dimensión correcta para su cuerpo, nuevamente ella y él tienen un orgasmo, los dos lloran… pero ya no están solos.



